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Las máscaras de la vida

  • Foto del escritor: melisa tovar
    melisa tovar
  • 15 nov 2023
  • 2 min de lectura

Hace tiempo cuando íbamos por la calle directo al ring, me di cuenta de que algunas personas como mi dueña eligen portar algo que les permite ser la persona que necesita el mundo y luchar contra lo que se interponga en sus metas.

Con frecuencia nos llaman máscaras, pero en realidad somos una personalidad que se atreve a salir cuando nos ven de diferente forma, algo así como un alter ego. Lo que es cierto es que tenemos muchos nombres y el que más me gusta es “maquillaje”.


El maquillaje para mi dueña son dos conceptos, por las mañanas la veo desde lejos con la cara llena de colores sobre los ojos, labial y un poco de rubor. No puedo negar que se ve preciosa, solo que a mí me usa con más frecuencia, yo soy su segunda máscara, la que todo el mundo conoce mientras lucha dentro de ese cuadrilátero.


Para Silvia o “La luciérnaga” como le dicen en el espectáculo, ambos maquillajes o mascaras le ayudamos a vivir día a día, cumplimos con la meta de enfrentar temores, luchas y obstáculos que ella no cree poder cumplir.

Así como ella también sus temores fueron evolucionando, un día era fallar esa pelea para la que había entrenado arduamente y de pronto con los años fue no poder mantener esa imagen de luchadora fuerte y estratégica.

Ya no salimos tanto juntas, pero hoy me eligió para salir en la noche pues, aunque La luciérnaga ya no pelea, sigue siendo popular en su gremio y le han pedido que, de un discurso, yo vi a Silvia practicar enfrente del espejo durante una semana, vaya que era pésima, se trababa y confundía palabras, sí que era torpe.

Nos conocimos cuando ella tenía 16 años, cuando me sostuvo por primera vez sentimos esa tierna conexión, recuerdo ver su sonrisa y el gran abrazo que le dio a su padre que parecía vernos con mucho orgullo. Siendo una adolescente y yo a penas con 5 días de vida iniciamos esa aventura que marcaría la historia de la lucha libre mexicana.

Pero cuando empezó a hablar, esa tal Silvia parecía que no existía, pues el discurso fue el más motivador y lleno de fluidez que he visto, puede que una lucha física para los demás sea un gran reto, pero para mi Luciérnaga, el hablar en público es la pelea del año.

Al llegar a casa Silvia me ha dejado al costado de su cama, sin duda estábamos cansadas, pero dormimos con la certeza de que ganamos la pelea y estoy segura de que volveremos a ganar conmigo o con su otra máscara.

Seguiremos juntas como lo hemos hecho por estos 25 años y aunque nos preguntan mucho: ¿No te cansas de tenerla puesta? La respuesta siempre es no, porque no somos algo superficial, al igual que el maquillaje, yo la máscara de La Luciérnaga, soy una expresión que necesitamos para salir a ese mundo que espera mucho de ambas, sin importar que sea dentro o fuera de un ring de pelea.

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